Los primeros años de vida, los niños derrochan creatividad, sin embargo es una cualidad que suele perderse con el tiempo.

  • Los niños son muy ocurrentes sin ni siquiera pretenderlo. Muchas veces nos sorprenden con sus preguntas y razonamientos. El lenguaje es un campo de experimentación muy bueno y nosotros debemos aprovecharlo: tenemos que hablar mucho con ellos, escucharles y ser tolerantes con ellos.
  • Los adultos más creativos son aquellos cuyas familias, cuando eran niños, les permitían manifestaciones infantiles propias de su edad. Debemos animarles a improvisar, a encontrar finales diferentes para los cuentos e historias de siempre.
  • Es bueno que tengan a su alcance plastilinas, ceras, papeles, pinturas de colores, cartulinas y todo tipo de materiales con los que puedan dar rienda suelta a su creatividad.
  • Debemos enseñarles y ayudarles a moldear, recortar, pegar… pero siempre dejándoles a ellos el protagonismo y la iniciativa.
  • Si nuestros pequeños artistas se ponen a pintarrajear, no hay que corregir trazos ni colores por un cuadriculado sentido de la realidad. Su actividad tiene que ser divertida, lúdica y libre.
  • Nuestro papel es proporcionarles espacio, materiales, ocasión y tiempo para jugar y ejercer libremente su CREATIVIDAD.